El proyecto educativo de Justo Sierra.
Sierra propuso establecer en México la instrucción primaria obligatoria. Asimismo, en el Porfiriato ocupó importantes posiciones en la educación pública de México. Fue subsecretario de instrucción pública y en 1905 fue nombrado Secretario de Instrucción Pública y de Bellas Artes. Según sus ideas, la tarea educativa es el medio para la integración nacional, por lo cual "la escuela es la salvación de nuestra personalidad nacional".
Con el ideario educativo de Justo Sierra se aprobó en 1908 la Ley de educación primaria, la cual debía ser oficial, nacional y obligatoria entre los 6 y los 14 años. Se propondría estimular en los educandos "el amor a la patria mexicana y a sus instituciones". En esta Ley, en la cual se refleja el pensamiento de Justo Sierra, el Secretario de Instrucción Pública, se señalaron las siguientes directrices:
Las escuelas oficiales serán esencialmente educativas; la instrucción en ellas se considera sólo como medio de educación... La educación primaria que imparta el Ejecutivo de la Unión será nacional, esto es, se propondrá que en todos los educandos se desarrolle el amor a la patria mexicana y a sus instituciones ...será integral es decir, tenderá a producir simultáneamente el desenvolvimiento moral, físico, intelectual y estético de los escolares; será laica o, lo que es lo mismo, neutral respecto a todas las creencias religiosas, y se abstendrá en consecuencia de enseñar o atacar ninguna de ellas; será además gratuita.15
El 12 de noviembre de 1908 se promulgó la ley constitutiva de las Escuelas normales primarias, para la formación de los maestros, buscando su educación metodológica y científica y el modelo vivo para los educandos. Reorganizó la Escuela Nacional Preparatoria y también reglamentó la educación particular, siguiendo los requisitos establecidos por el gobierno.
El educador Justo Sierra se esforzó por establecer un método educativo para enseñar a pensar a los estudiantes mexicanos y no a memorizar. Reformó la Escuela Normal para la preparación de los Profesores de enseñanza elemental y primaria. Se interesó por la creación y autonomía de los Jardines de niños en 1904; y la educación primaria oficial, laica y gratuita para todo el pueblo mexicano.
Según sus ideas, la escuela primaria prepara al mexicano y de ella salen completos el ciudadano y el hombre. Para una mejor organización de la educación, creó el Consejo Superior de Educación Pública. En su gran programa de renovación de la educación mexicana, fundó la Universidad Nacional de México con todas las carreras, señalando entre ellas las de Medicina, Jurisprudencia, Ingeniería, Bellas Artes y Música. Asimismo la conformación de un programa de Arqueología para el estudio de las grandes culturas indígenas mexicanas. Creó el Museo Nacional deAntropología e Historia y el Museo de Historia Natural. Estimuló la reconstrucción de monumentos prehispánicos, entre ellos, la Pirámide del Sol en Teotihuacan.
En sus obras educativas, se preocupó por el bienestar estudiantil. Para los niños, fortaleció el programa de los desayunos escolares; y estableció un sistema de becas para los alumnos más destacados de las instituciones educativas. Envió al exterior al pintor Diego Rivera, a Julián Carrillo y otros que se destacaron en las artes, las letras, las ciencias y la política. En general, estimuló la vida intelectual de México a través de la educación.
El Maestro Justo Sierra, el humanista y eximio político del Porfiriato, fue uno de los más grandes educadores de México y de Latinoamérica en los años de transición entre los siglos XIX y XX. Su mayor interés fue la educación en México, la cual consideró como la primera empresa del Estado. Según sus ideas, el futuro de Latinoamérica para su adelanto y desarrollo, solamente será posible por el camino de la educación. Si el mexicano llega a conocer su identidad y su historia a través de la educación, llegará a la meta de la libertad, el orden y el progreso. Su mayor aporte fueron sus ideas positivistas, ligadas muy profundamente a la educación y a la evolución histórica de México. Asimismo su pensamiento y acción en la fundación de la Universidad Nacional de México, actual Universidad Nacional Autónoma de México, UNAM, fundada en conmemoración del Centenario de la Independencia de México, y su mayor legado a la posteridad.
La política de "pan o palo": los cuerpos policiales rurales.
Díaz Unión política e interés, investigando concesiones, monopolios y posiciones de prestigio. cada beneficiario de este sistema vino hacer un ardiente partido de la paz y por tanto, de la permanencia de Díaz en el poder. Una política establecida del dictador fue la de dividir y conquistar, jugar de a individuo contra individuo, grupo contra grupo. De esta manera Díaz evitó el desarrollo de una concentración de fuerzas la cual hubiera podido desafiar su posición. Asimismo, las personas involucradas tendían a fortalecer a Díaz para poder obstruir a sus opositores, y a la nación prefirió la retención de Díaz a tener alternativas desagradables y inclinadas a la disensión. Los rivaleslos rivales ambiciosos que se atrevieron abiertamente a oponerse a Díaz, recibieron el tratamiento de "pan o palo". La opción era aceptar recompensas materiales usualmente con la pérdida de influencia política o ser eliminado.La policía rural tamaulipeca vivió uno de sus momentos más críticos entre 1860 y
1870. Esta crisis se debió a los problemas financieros que afectaron a las adminis-
traciones gubernamentales de mediados del siglo que fueron incapaces de solventar
los gastos del cuerpo policiaco. Años más tarde, el gobernador Alejandro Prieto
(1888-1896) daría cuenta de las graves irregularidades organizativas que venía
sufriendo el cuerpo de rurales; en sus memorias administrativas dijo:
La policía rural no está bajo la inmediata inspección de la autoridad política, ni está orga-
nizada como es debido para llenar el objeto de su institución, se demuestra desde luego
la inhabilidad en que por falta de instrucción disciplinaria y armamento se encuentra;
no obstante, en las condiciones en que se halla dicha política, presta grandes servicios
a la población, cumpliendo muy puntualmente con sus deberes. La policía no tiene la
organización que requiere tan importante y benéfica institución, que es una garantía
moral en sí misma para aquellas que la forman, porque en las condiciones anómalas
en que está no llena su importante misión, y no estando como la urbana a la inmediata
influencia de la autoridad política local, se resiente generalmente de suma negligencia
para atacar las disposiciones superiores en la totalidad de los habitantes.8
Con el propósito de hacer frente al bandidaje, el gobernador Alejandro Prieto
restableció a la policía rural en el estado, para lo cual retomó los viejos decretos
de 1826 y de 1849. A grandes rasgos, esta estrategia formó parte de la política de
modernización de las fuerzas armadas que promovió el gobierno de Porfirio Díaz,
pues con el nuevo reglamento de 1880 se buscaba profesionalizar a los miembros
de la policía rural y ejercer sobre ellos mayor control y disciplina.
El impulso a la educación: la creación de las escuelas normales y escuelas de artes y oficios.
La educación durante el porfiriato rescató gran parte del proyecto educativo juarista. Benito Juárez tenía un gran interés por tener una población preparada, ya que de ellos dependía el desarrollo del país, en este sentido la política de Porfirio Díaz retomó parte de las iniciativas y le dio impulso a muchas instituciones creadas en el gobierno de Juárez. Por otro lado, Díaz creo nuevas políticas que trajeron consigo la fundación de la institución educativa más importante del país: la UNAM.
En 1867 se había promulgado la Ley Orgánica de Instrucción pública, con una influencia positivista, en la que quedaba asentada que la educación tenía que ser gratuita y obligatoria, sin contener ninguna doctrina religiosa.
Para 1881 se inicia la apertura de escuelas normales con el objetivo de instruir a los maestros y maestras; con esto se buscaba tener profesionistas bajo las influencias educativas del positivismo y así dar una educación básica de corte liberal.
La Escuela Nacional Preparatoria que había sido fundada el 2 de diciembre de 1867, tuvo en la época porfirista varios cambios entre los que también estuvieron incluidas las mujeres, estos fueron impulsados principalmente por Justo Sierra.
Durante el porfiriato las escuelas de artes y oficios tuvieron su época de mayor auge
en el país. En los primeros años del siglo XX era posible observar un plantel de éstas características en las principales ciudades mexicanas: Ciudad de México, Chihuahua,
Oaxaca, Puebla, Querétaro, San Luis Potosí, Veracruz y Yucatán (Bazant n.d., 273).
Jalisco tenía una oficial, la “Escuela de Artes y Oficios de Jalisco” y una particular conocida como “del Espíritu Santo”.7
Esto sucedió porque dichas escuelas fueron consideradas para cumplir dos
metas muy específicas. Por un lado, siguieron siendo una opción viable para “moralizar y civilizar” al grupo que era considerado un peligro social latente, los vagos.
Estos individuos no eran considerados ciudadanos, pues su ocupación no era honorable y únicamente escandalizaban a las buenas conciencias con sus actitudes
inmorales e incivilizadas. Por otra parte, hacia esta época la industrialización estaba implantada en el país. Las empresas fabriles y de comunicaciones necesitaban mano de obra calificada para la operación, mantenimiento y
reparación de la maquinaria que llegaba del extranjero. Sin embargo, fueron pocas
las escuelas especializadas en estos ramos.
Aún así, la educación en las artes y los oficios funcionó con notables muestras
de apoyo. Por ejemplo, en la mayoría de los planteles se intentó proporcionar una
instrucción científica, herencia del positivismo, para mejorar el trabajo de los alumnos en los talleres. Mariano Bárcena, gobernador de Jalisco, lo informaba en 1890:
Se establecieron convenientemente dotadas las cátedras de física y química aplicadas a las Artes, y se hizo venir de México un maestro para el taller de alfarería,
que ha empezado a trabajar experimentando las diversas arcillas de los Cantones
del Estado. Se abrió nuevamente la cátedra de dibujo lineal para todos los alumnos, y se han puesto en movimiento los talleres de litografía, carpintería, obraje,
herrería, cantería, latonería y fundición, sastrería y zapatería; habiéndose notado
en ellos grandes adelantos.
Del anterior modo, durante el porfiriato las artes y los oficios quedaron liga-
dos al conocimiento científico, así como a su difusión. Las autoridades guberna-
mentales y los directivos de estas instituciones buscaron el modo de publicitar los
adelantos obtenidos en los talleres nacionales, así como en los europeos.
Lo cierto es que la educación en las artes y los oficios creció y se reforzó du-
rante el periodo porfirista debido al apoyo proporcionado por las autoridades gu-
bernamentales y privadas. Así como a la constante demanda que tuvieron estos
planteles. En Jalisco, aquellos a quienes estaba dedicada esta instrucción, los más
necesitados, reclamaron su lugar en estas instituciones a través de mecanismos
establecidos por la autoridad como las cartas de solicitud, donde los padres de los
aspirantes pedían vacantes para que sus hijos se instruyeran en el trabajo honrado.
En las cartas de solicitud de ingreso a la Escuela de Artes y Oficios de Jalisco
la mayoría de los peticionarios se esforzó por describir su pobreza y necesidad, por
lo tanto, la precariedad, la enfermedad y la viudez son elementos que se repiten
constantemente. Estas situaciones adversas descritas por los propios padres son
el recurso más aceptado, tanto por los solicitantes como por las autoridades, para
obtener un lugar de gracia en la institución jalisciense para los más desafortunados
que estaban en peligro de perderse en el vicio. También los tutores se encargaban
de dar un informe detallado de la pobreza de sus protegidos, por lo general, los
tutoriados eran los sirvientes o hijos de sirvientes desertores que habían crecido en
la casa y ya tenían edad de formarse.
Debemos explicar que había dos tipos de alumnos internos: agraciados y pen-
sionistas. Los internos de gracia eran la mayoría de los alumnos en la Escuela de
Artes y Oficios, se trataba de jóvenes que vivían en circunstancias de pobreza y
orfandad. Los internos pensionistas eran alumnos que podían pagar su estancia
mensual, aunque hubo lugar para ellos, la cantidad de estudiantes de paga fue poca
en comparación con los agraciados. Por lo tanto las causas referidas por lo padres o
tutores para hacer ingresar a sus hijos o tutoriados son diferentes en ambos casos.
Las causas expuestas por los solicitantes para obtener un lugar de gracia en el
plantel eran: pobreza extrema, viudez, vejez y enfermedad. Estos motivos fueron
expuestos por todos los solicitantes, pero las mujeres, quienes fueron las principa-
les peticionarias, eran quienes se escudaban en el hecho de ser viudas y solas. Así lo
mostró Juliana Salazar en 1866, su nieto Eugenio Sánchez estaba a su cuidado, pues
era huérfano.
" Mátalos en caliente": guerra de castas y revuelta yaqui.
Un grupo de lerdistas armados había llegado del extranjero tras más de tres años de preparar su revuelta. A bordo del buque "Libertad", quinientos soldados desembarcaron en el puerto la madrugada del 14 de junio y comenzó el ataque a la ciudad. Sin embargo, el gobernador del estado, Luis Mier y Terán, comisionó a una brigada que pudo contener rápidamente el levantamiento y aprehender a los sublevados. Mier y Terán comunicó la situación a Díaz, pues existía el agravante de que Porfirio Díaz Ortega, hijo mayor del presidente y ahijado del propio gobernador, se encontraba en Veracruz. Díaz respondió con un mensaje cifrado que al ser leído reveló la terminante orden del presidente: "Mátalos en caliente". De inmediato Mier y Terán cumplió la orden, que causó malestar entre la población y un pequeño levantamiento militar que también fue sofocado. Años más tarde, durante el transcurso de la Revolución mexicana, este asunto fue uno de los principales motivos de la caída del Porfiriato. Incluso en 1912 Félix Díaz se levantó en Armas en Veracruz, la prensa y los partidarios de Francisco I. Madero pidieron ejecutar a Félix Díaz, en venganza de la matanza, de la que fue responsable su tío en Veracruz.
Hasta 1879 Porfirio Díaz no había manchado nunca su carrera con actos de crueldad, pero ese año ordenó reprimir a los responsables de un motín. Se decía que había pedido que los asesinaran “en caliente”.
El presidente Díaz, en su telegrama, ordenaba hacer lo mismo con los comprometidos en esa campaña y con los oficiales que había mandado traer de allá. Esta parte de su telegrama, la segunda, es la más importante, pues es la que ordena la ejecución de las nueve personas que murieron en Veracruz. Mier y Terán acababa de aprehender a algunos comprometidos en el puerto: recibió la orden de fusilarlos. Y tenía en su posesión los nombres de los oficiales que, por sospechosos, el gobierno había resuelto remitir a la capital: recibió la orden de fusilarlos. Su caso era distinto al de los amotinados del vapor Libertad. Porque el gobernador no los sorprendió en vías de hecho, ni siquiera los encontró reunidos. Así lo sabía el presidente, quien sabía también que la ley no lo autorizaba a ordenar su ejecución –la de ninguno de ellos, civiles o militares– sin haber antes un juicio, como tampoco lo autorizaba a ejecutar a la persona que nombraba en la última parte de su telegrama, la tercera: Felipe Robleda, decía, que corra igual suerte. Robleda logró sobrevivir a la matanza porque no pudo ser ubicado, aunque con la sospecha de muchos de que había sido un delator.
Porfirio no destruyó el telegrama en clave donde ordenaba reprimir la revolución: ahí, en su archivo, habría de aparecer cerca de un siglo más tarde. Tampoco evadió hablar del tema con sus amigos, como sabía que lo hacía con frecuencia el propio Mier y Terán. Había algo en especial que lamentaba. “Alguna vez que estuve en México y que visité al general Díaz en Palacio”, refirió Dehesa, “trajo la conversación al asunto del 25 de junio, preguntándome qué decía Adela. Le contesté que nada que yo supiera. Entonces me dijo que había sabido que le echaba la culpa a él de todo lo acontecido, y que no había tal, que cuando Terán le puso un telegrama muy alarmante, diciéndole que los cañoneros se habían pronunciado, que la guarnición estaba sumada y que le diera instrucciones, le contestó que in fraganti fusilara a los comprometidos y que diezmara la guarnición, que para haber cumplido habría hecho lo segundo”.
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El general, al parecer, le reprochaba a su amigo haber obedecido su orden con exceso de fidelidad.
El telegrama que daba la orden de reprimir no fue nunca conocido por el público en general. Pero circulaba la especie de que decía Mátalos en caliente. Así lo deja ver el comentario de un periódico de oposición que, por esas fechas, criticó la forma de proceder contra unos oficiales acusados de motín en un cuerpo de Rurales. “¿Por qué el señor Díaz aleja de la capital a esos reos?”, preguntó El Republicano. “¿No es mejor y más expedita la fórmula Mátalos en caliente?”
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La expresión capturaba la esencia del telegrama del presidente, que ordenaba la muerte de los rebeldes en caliente, es decir, sin formación de causa, en el momento de la insurrección. Porfirio Díaz no había manchado nunca su carrera con actos de crueldad. Los asesinatos que ordenó la noche de la tragedia fueron los primeros. La orden dada era inmoral: es posible que algunos de los asesinados hayan sido inocentes, como quizá Lorenzo Portilla, pero sobre todo los oficiales Caro y Rubalcaba. Y era ilegal: todos los asesinados cayeron ejecutados en la oscuridad de un cuartel, sin haber sido juzgados con las formalidades que exigía la ley. Pero fue también eficaz. La determinación de actuar, la brutalidad con que la insurrección fue suprimida de raíz aterrorizó a la oposición, forzó la paz en un momento de fragilidad en la república. “El Cristiano se ha hecho temer de todos los que no tienen una conciencia limpia respecto de la paz pública”, escribió por esos días el general Pedro Hinojosa, comisionado por el gobierno para garantizar la tranquilidad en la península de Yucatán. “La noticia de los acontecimientos de Veracruz, y la falta de ciertos hombres, ha concurrido a la paz de que gozan estos estados. Da tristeza tener que convencerse de la necesidad de escarmentar enérgicamente a los revoltosos de nuestra patria.” 32
La revolución murió aplastada con violencia ese verano. En el ocaso de su régimen, Porfirio Díaz, inusitadamente, abrió su corazón en una entrevista larga y franca que ocurrió en el castillo de Chapultepec. En ella evocó las circunstancias en las que comenzó la pacificación de México. Debió sin duda recordar la noche de la tragedia en Veracruz. “Fuimos duros, a veces fuimos duros hasta la crueldad”, dijo sin remordimientos. “Fue necesario derramar un poco de sangre, para poder salvar mucha sangre. La sangre que se derramó era mala, la que se salvó era buena. La paz era necesaria, aun cuando fuese una paz forzada.”
La guerra del Yaqui fue el enfrentamiento armado entre el gobierno mexicano y el pueblo yaqui de Sonora entre las décadas de 1870 y 1880. En esa época, los gobiernos liberales habían desconocido la posesión comunal de los pueblos indígenas como un primer paso hacia la colonización de amplios terrenos que se consideraban «improductivos». Esta tendencia se intensificó durante el gobierno de Porfirio Díaz, entre 1876 y 1910. La resistencia de los yaquis a la colonización se remontaba a la época colonial, pero durante el gobierno de Díaz fueron objeto de abierto etnocidio.
La guerra del Yaqui es uno de los conflictos armados más largos de la historia de México. Los yaquis se enfrentaron a las fuerzas armadas del gobierno federal, del estado de Sonora y a las guardias blancas de los terratenientes. Después de la Batalla de Mazocoba en 1900, en la que murieron alrededor de 400 combatientes yaquis y fueron capturados otros 800 hombres, mujeres y niños prisioneros, se definió la derrota yaqui. A partir de este momento comenzó la deportación de yaquis a Yucatán para someterlos a trabajos forzados en las haciendas henequeneras. Otros pueblos indígenas, como los pimas, ópatas y mayos también padecieron deportaciones al ser confundidos con los yaquis. Las deportaciones continuaron hasta 1908. En esa época los yaquis fueron esclavizados.
John Kenneth Turner, "México Bárbaro".
México bárbaro es un amplio reportaje sobre la situación política y social de México durante el ocaso de la larga dictadura de Porfirio Díaz. A través de sus viajes por la república mexicana, sus entrevistas, sus investigaciones, y haciéndose pasar de incógnito por un empresario estadounidense y millonario, John Kenneth Turner expone el estado esclavista que sometió a la mayoría de la población indígena y mestiza del país en pleno siglo XX: los “trabajadores-esclavos” debían someterse a los maltratos físicos, las largas jornadas de trabajo sin descanso, a condiciones de vivienda y alimentación precaria que generalmente los conducían a la muerte a corto plazo, a los engaños para ser “contratados-secuestrados” y a los abusos de poder por parte del mismo gobierno para robarles sus tierras de tradición milenaria.
El relato se sitúa entre 1908 y poco antes de la Revolución. En él se describe la manera en que vivían de los indígenas y campesinos esclavos; mayas y yaquis, entre otros. Se hace mención especial a los yaquis, los cuales fueron perseguidos y casi exterminados, algunos trasladados a Yucatán.
Se narra como los "reyes del henequén", la denominada "Casta divina", como llamó el general Salvador Alvarado al grupo de hacendados henequeneros que ejercían el poder económico en Yucatán, hacían endeudar a personas mediante la "tienda de raya" (o con otros métodos, usados por los "enganchadores"), para que después "saldaran" la deuda trabajando, pero la realidad era que tal deuda nunca desaparecía.
Estos personajes sometían a sus "obreros" (el autor reitera que decide usar el término esclavo) y ocultaban sus actos de esclavitud todavía a principios del siglo XX cuando esa práctica inhumana había sido legalmente abolida en México desde 1810.
Los esclavos de Yucatán
J. K. Turner plantea varias premisas: primeramente expone el estado político en el que se encuentra el país durante la dictadura de Díaz; su segunda premisa expone los regímenes esclavistas en las haciendas de henequén tanto en Yucatán como en Quintana Roo, así como las identidades de patrones nacionales y extranjeros y funcionarios públicos que fomentan y se enriquecen de la esclavitud de millones de mexicanos pobres. De igual forma, se exponen diversos casos y testimonios de esclavos que comprueban la cruel realidad que los rodea.
A pesar de que México es un país con leyes escritas y una Constitución, es un país en donde la ilegalidad domina por excelencia partiendo desde el propio Gobierno: es un país sin libertad política, sin libertad de palabra, sin prensa libre, sin elecciones libres, sin sistema judicial, sin partidos políticos, sin ninguna garantía individual, sin libertad de conseguir la felicidad. Durante el gobierno de Porfirio Díaz el país no ha tenido una contienda electoral y por tanto el Poder Ejecutivo lo gobierna todo por medio de un ejército permanente, donde los puestos políticos se venden a precio fijo y las tierras de la nación y de muchos indígenas, también.
La gente es pobre porque no tiene derechos, el peonaje se traduce en esclavitud. A principios de 1908, el autor cruzó el Río Bravo, acompañado por un universitario
revolucionario –L. Gutiérrez de Lara- y haciéndose pasar por inversionista estadounidense que deseaba invertir en las tierras del henequén en Yucatán, venía a verificar si en realidad existía la esclavitud en México.
El exterminio de los yaquis
El exterminio de los yaquis empezó con la guerra y el fin de ellos se está cumpliendo con la deportación y la esclavitud. El pueblo yaqui no han sido nunca salvajes, siempre fueron un pueblo agrícola; descubrieron y explotaron minas, construyeron sistemas de regadío; edificaron ciudades de adobe; sostenían escuelas públicas, un gobierno organizado y una fábrica de moneda. Son los mejores trabajadores de Sonora, honesto, trabajador y pacífico; un trabajador yaqui vale por dos estadounidenses y tres mexicanos, pues el yaqui tiene un admirable desarrollo físico, con hombros anchos, pecho hondo, piernas nervudas y cara curtida. El yaqui típico es casi un gigante y su raza es de atletas. Los españoles no pudieron subyugarlos completamente y después de 250 años de conflicto, llegaron a concertar la paz y les cedieron una parte del territorio con títulos de propiedad, los cuales fueron respetados por 150 años por los gobernantes y jefes de México hasta llegar Díaz.
En la ruta del exilio
Los yaquis que se dirigen a Yucatán, al llegar al puerto de Guaymas, Sonora, abordan un barco de guerra del Gobierno hasta el Puerto de San Blas. Viajan amontonados en la bodega sucia de popa. Muchos mueren en el camino por hambre o enfermedad y tienen que recorrer largas distancias a pie.
Los yaquis desterrados son enviados a las fincas henequeras como esclavos, exactamente en las mismas condiciones que los cien mil mayas que se encontraban en las plantaciones. Se les trata como muebles; son comprados y vendidos, no reciben jornales; pero los alimentan con frijoles, tortillas y pescado podrido. A veces son azotados hasta morir. A los hombres los encierran durante la noche y a las mujeres las obligan a casarse con chinos o con mayas. Se les caza cuando se escapan y son devueltos por la policía cuando llegan a sitios habitados. A las familias desintegradas no se les permite que vuelvan a reunirse. Una vez que pasan a manos del amo, el Gobierno no se preocupa por ellos ni los toma ya en cuenta; el Gobierno recibe su dinero y la suerte de los yaquis queda en manos del henequero. Si los yaquis logran sobrevivir el primer año de trabajo forzado, generalmente se adaptan bien y son buenos trabajadores, pero por lo menos dos tercios de ellos mueren en los primeros doce meses.
Los esclavos contratados de Valle Nacional Valle Nacional es el peor centro de esclavitud en todo México, pues allí todos los esclavos, con excepción de acaso un 5%, sobreviven hasta los ocho meses de haber llegado. Al sexto o séptimo mes empiezan a morirse como las moscas durante la primera helada invernal y después no vale la pena conservarlos, resulta más barato dejarlos morir. No hay supervivientes de Valle Nacional, solo los dejan ir cuando ya son inservibles, cuando son cadáveres vivientes que tan solo avanzan un corto trecho y caen.
Las causas de las extremosas condiciones de Valle Nacional es geográfica: es una honda cañada de tres a diez kilómetros de anchura, enclavada entre montañas casi inaccesibles, en el más extremo rincón al noroeste de Oaxaca.
En el Valle de la Muerte
Debido a su gran belleza, Valle Nacional fue llamado Valle Real por los primeros españoles; pero después de la independencia, el nombre fue cambiado por el de Valle Nacional. Treinta y cinco años antes esas tierras pertenecían a los indios chinantecos, tribu pacífica, entre quienes las dividió el Presidente Juárez. Cuando Díaz subió al poder olvidó dictar medidas para proteger a los nativos contra algunos hábiles españoles que azotan a sus esclavos, de modo que en pocos años los indios se habían quedado sin sus tierras.
Antonio Pla, probablemente el monstruo humano principal del Valle es el gerente general de Balsa Hermanos y por tanto vigila el movimiento de 12 grandes haciendas. El movimiento anual de esclavos era de 15 mil y Pla aseguraba que aunque mataran a los trabajadores, las autoridades no intervendrían.
Los peones del campo y los pobres de la ciudad.
El sistema esclavista en México sería imposible sin la participación del Gobierno. Centenares de funcionarios de los Estados y de la Federación están constantemente dedicados a juntar, transportar, vender, vigilar y cazar esclavos. Esta bárbara institución se puede encontrar en casi todos los Estados del país, pero especialmente en los costeños, al sur de la gran altiplanicie. El mismo sistema existe en las plantaciones de henequén de Campeche, en las industrias madereras y fruteras de Chiapas y Tabasco, en las plantaciones del hule, café, caña de azúcar, tabaco y frutas de Veracruz, Oaxaca y Morelos. Por lo menos en 10 de los 32 Estados de México, la mayoría abrumadora de trabajadores son esclavos. Aunque las condiciones secundarias varíen, el sistema general es el mismo: el servicio contra la voluntad del trabajador, ausencia de jornales, escasa alimentación y azotes. Se hallan afectados 100 mil cada año, que engañados con falsas promesas por los enganchadores, o capturados por estos, o embarcados por las autoridades políticas en convivencia con tales agentes, dejan sus hogares en diversos sitios del país para tomar el camino de la muerte hacia la “tierra caliente”.
El sistema de Díaz
La esclavitud y el peonaje en México, la pobreza y la ignorancia y la postración general del pueblo se deben al sistema del general Porfirio Díaz. En tiempos de los españoles, el peón tenía por lo menos su pequeña parcela y su humilde choza, pero con Díaz no tiene nada.
El general Porfirio Díaz, sin ninguna excusa válida y sin otra razón que su ambición personal, inició una serie de revoluciones para dominar los poderes gubernamentales del país. Mientras prometía respetar las instituciones progresistas de Juárez y Lerdo, instituyó un sistema propio en el que su propia persona es la figura central y dominante; en el que su capricho es la Constitución y la Ley. Díaz es el sostén principal de la esclavitud, pues a la vez hay un conjunto de intereses comerciales que obtienen grandes ganancias del sistema porfiriano de esclavitud y autocracia. Entre estos intereses, los estadounidenses ocupan un lugar importante y sin duda, la fuerza determinante para que continúe la esclavitud en México; son defensores tan agresivos de la fortaleza porfiriana como el mejor.
Elementos represivos del sistema de Díaz.
En 1876 Díaz ocupó con sus fuerzas la capital mexicana y se declaró a sí mismo Presidente provisional. Poco después convocó a una supuesta elección y se declaró a sí mismo Presidente constitucional. Desde entonces, Díaz se ha establecido más de ocho veces como presidente y nunca ha tenido opositores en las urnas electorales.
El presidente, el gobernador y el jefe político son tres clases de funcionarios que representan todo el poder; en México el único poder es el Ejecutivo. Los otros dos poderes solo figuran de nombre y no existen en el país las elecciones populares.
La destrucción de los partidos de oposición.
El Ejército, los rurales, la policía ordinaria y la policía secreta se dedican en un 80% a la supresión de los movimientos democráticos populares.
El movimiento del Partido Liberal fue el único al que Díaz permitió progresar mucho en materia de organización. Este partido nació en el otoño de 1900. Tras un discurso del obispo que dejaba ver el resurgimiento de la Iglesia Católica, se conformaron 125 clubes liberales, se fundaron alrededor de 50 periódicos y se convocó a una convención que se efectuaría en San Luis Potosí en enero de 1901.
La octava elección de Díaz por unanimidad.
A finales de 1876 Díaz se adueñó del país por la fuerza y se proclamó Presidente por unanimidad. En 1880 cedió el Gobierno a su amigo Manuel González, quien reinstaló a Díaz en 1884. Después Díaz fue reelegido cada 4 años por unanimidad durante 20 años hasta 1904, en que el periodo presidencial se alargó a 6 años, y por séptima vez fue elegido por unanimidad. Finalmente el 10 de julio de 1910 Díaz resultó elegido Presidente de México por octava vez.
En marzo de 1908, a través de James Creelman y del Pearson's Magazine, Díaz anunció al mundo: 1º que por ningún motivo consentiría en aceptar un nuevo periodo como presidente; y 2º que le agradaría transferir personalmente el poder a una organización democrática.
Cuatro huelgas mexicanas.
En el gobierno de Díaz no hay leyes de trabajo en vigor que protejan a los trabajadores; no hay reglamentos eficaces contra el trabajo de los menores; no hay procedimientos mediante los cuales el obrero pueda cobrar indemnizaciones por daños, por heridas o por muerte en las minas o en las máquinas. Los trabajadores no tienen derechos que los patrones estén obligados a respetar. Además existe la opresión gubernamental al servicio del patrón para obligar a latigazos al trabajador a que acepte sus condiciones.
Los 6 mil trabajadores de la fábrica de Río Blanco no estaban conformes con pasar 13 horas diarias en una atmósfera asfixiante por salarios de 50 a 75 centavos al día, mucho menos con la forma de pago mediante vales útiles en la tienda de la compañía, mucho más cara que cualquier tienda normal.
Díaz era accionista de la fábrica de Río Blanco y tan pronto cuando los obreros intentaron organizarse para declararse en huelga, los obreros sospechosos de haberse afiliado al sindicato fueron encarcelados.
Críticas y comprobaciones.
Cuando el escritor de este libro, Kenneth Turner, publicó los artículos en The American Magazine, muchas revistas, periódicos, editores y personas particulares de los Estados Unidos corrieron a defensa de Díaz. Existen otros escritores como Herman Whitaker que han comprobado también en sus artículos los relatos del autor. Evidentemente, varios estadounidenses, dueños de haciendas en México, defendieron el sistema de Díaz y trataron de justificarlo con argumentos falsos. Los capitalistas estadounidenses apoyan a Díaz porque esperan que mantenga siempre barata la mano de obra mexicana, y que la oferta de este los ayude a romper la espina dorsal de las organizaciones obreras de los Estados Unidos, ya sea mediante la transferencia de parte de su capital a México o mediante la importación de trabajadores mexicanos a los Estados Unidos.
El contubernio de Díaz con la prensa estadounidense.
Existe una extraña y misteriosa resistencia en los poderosos periodistas estadounidenses para publicar cualquier cosa que perjudique al Porfirio Díaz y también se manifiestan en ellos un notable deseo de publicar lo que halague al dictador. De pronto, los artículos del autor dejaron de aparecer en la revista y la investigación se detuvo, en su lugar publicaron artículos más suaves.
Díaz controla todas las fuentes de noticias y los medios de transmitirlas. Los periódicos se reprimen o subsidian a capricho del Gobierno.
Los socios estadounidenses de Díaz
Los Estados Unidos de América son socios en la esclavitud que existe en México. El poder policiaco de este país se ha usado en la forma más efectiva para destruir el movimiento de los mexicanos destinado a abolir la esclavitud, y para mantener en su trono al principal tratante de esclavos: Porfirio Díaz.
Este apoyo se debe a que hay 900 millones de dólares de capital estadounidense invertido en México, y este dinero es un argumento concluyente contra cualquier crítica al Presidente Díaz. Entonces no es de extrañar que en México exista un creciente sentimiento antiestadounidense. La asociación del capital estadounidense con Díaz ha deshecho al país como entidad nacional.
La firma M. Guggenheim Sons posee todas las grandes fundiciones y propiedades mineras de México. La Standard Oil Co. Controla el 90% del comercio de combustible. American Sugar Trust tiene asegurado el monopolio del negocio del azúcar. El Inter-Continental Rubber Co se halla en posesión de millones de hectáreacon fijeza para advertir la carroña que hay detrás. Su buena fama en el extranjero se debe a tres cosas: 1º que Díaz ha hecho “el México moderno”, 2º que ha traído una tranquilidad a México y por tanto, debe considerársele como una especie de príncipe de la paz y 3º que es un modelo de virtudes en su vida.
La realidad es que México no es moderno ni industrialmente ni en materia de educación pública, ni en su forma de gobierno.
La persecución estadounidense de los enemigos de Díaz.
Entre el período de 1905 y 1910 han sido encarcelados en los Estados fronteriza dos centenares de refugiados mexicanos y han ocurrido muchos intentos para regresarlos a México para que el gobierno de Díaz les apliqué sus propios métodos sumarios.
La personalidad de Díaz.
El poder de Dios ha deslumbrado a los hombres y los acobardado hasta el punto de que no tienen el valor para mirar con fijeza para advertir la carroña qué hay detrás.
El pueblo mexicano.
En la estimación de los estadounidenses amigos de Díaz, la pereza es el vicio cardinal del mexicano, no obstante, han aceptado que cuando recibe alimento y recupera su fuerza, son muy buenos trabajadores.
El mexicano es una raza mestiza (48%), en parte indígena (38%) y en parte española (19%). Es un pueblo versátil pero de pasiones violentas y energía inconstante. En sus realizaciones modernas está a la zaga de los países de Europa occidental.
En la actualidad, los países hispanoamericanos todavía están gobernados por dictadores, debido al apoyo otorgado a estos por los gobiernos extranjeros que se oponen a los movimientos democráticos incluso por la fuerza de las armas. Díaz no es solo el único dictador apoyado por los Estados Unidos a requerimiento de Wall Street. Así, para dondequiera que se mire, se comprueba que los defectos, los vicios de México, está en el sistema de Díaz.
La salud y la esperanza de vida durante el Porfiriato.
Durante el porfiriato, la población mexicana sufrió epidemias graves de viruela, sarampión, tos ferina, escarlatina, peste, cólera e influenza; y endemias, como el paludismo que ejercía sus estragos en las regiones de clima tropical; la fiebre amarilla presente en las costas, sobre todo en las del golfo, pero en ocasiones también en las del Pacífico, y el tifo exantemático que afectaba al valle de México. También endémicas en todo el país fueron la tuberculosis, la diarrea, la enteritis, la neumonía y la bronquitis. Todos estos males se vieron agravados por el hambre y el alcoholismo, endémicos ellos mismos (Bustamante, 1982).
A finales de los años 1880, el gobierno federal envió a todas las municipalidades del territorio, un cuestionario en el que, entre otras cosas, les pedía información sobre las enfermedades que padecían y la mortalidad que éstas causaban. Cerca de dos terceras partes de las municipalidades del país contestaron, y a partir de esas respuestas, Domingo Orvañanos (1889), médico del Consejo de Salubridad y profesor de la Escuela Nacional de Medicina, escribió un ensayo de geografía médica y climatología.
Orvañanos hizo en su obra propuestas tras las cuales estaba la idea de que ante la enfermedad hay responsabilidad individual y social. Sugirió, así, censar a los enfermos de lepra, castigando la ocultación de los enfermos con penas severas; obligar a los enfermos de mal de pinto a someterse al tratamiento conveniente e impedir la comunicación íntima de los individuos enfermos con los que no lo estaban; realizar visitas médicas domiciliarias a las familias pobres o de poca ilustración que no solían ocurrir a un médico, para averiguar si había entre ellas enfermos de cólera; vacunar contra la viruela por persuasión o por fuerza; aislar a los enfermos de fiebre amarilla y de tifo; vigilar la observancia de los preceptos de la higiene privada por parte de la población, así como prohibir las honras fúnebres en presencia de cadáveres de personas muertas por enfermedades contagiosas.
Pero también aconsejó medidas de higiene pública, tales como desinfectar las habitaciones en donde hubiera habido enfermos de fiebre amarilla, viruela o tifo; desazolvar atarjeas a lo largo de los caminos de obras de ferrocarril, cuya construcción era seguida por las calenturas intermitentes; canalizar aguas de desecho y cambiar la distribución de agua por medio de cubos, por otra, a través de cañerías cerradas; desecar pantanos, plantar arboledas y abastecer a las poblaciones de agua potable (ídem). La geografía médica se puso, de esta manera, al servicio de la higiene privada y pública y fue empleada para justificar la intervención médica con apoyo estatal ante las epidemias o las endemias.
Hubo también una corriente higienista y de geografía médica entre los médicos militares (Meiners, 1990). En 1891, el general Alberto Escobar, director del Hospital Militar de Instrucción, propuso a la Secretaría de Guerra que dirigiera un cuestionario a los médicos militares para preparar, con base en sus respuestas, la Carta Geográfica Médico-Militar, de la que se carecía en México, la cual, aseguraba, era un asunto de estrategia militar.7
El cuestionario fue enviado, en efecto, a los médicos militares y con los resultados, el Estado Mayor publicó en 1907 un ensayo de geografía médico-militar (Escobar, 1907) que identificó a las enfermedades propias de cada lugar y su etiología conocida o probable. La geografía proporcionó información acerca de las zonas insalubres, dio elementos a los médicos militares para aconsejar a los generales sobre cuáles eran los lugares menos peligrosos para acampar, qué poblaciones era conveniente evitar y qué precauciones debían tomar los soldados para disminuir el número de bajas por enfermedad. La geografía médica militar consignó también datos relativos a los recursos humanos y materiales con que podía contarse en cada población para atender a los enfermos y heridos.
Con la geografía médica, se buscaba lograr el ideal dieciochesco de contar con trabajadores y soldados fuertes y sanos, y uno de los primeros pasos para alcanzarlo fue la extensión de la vacunación antivariolosa.
En 1910 existían 213 hospitales que permitían atender a una población de 15 millones de habitantes en la República Mexicana. El Porfiriato (1876-1910) permitió que la medicina mexicana se transformara de una medicina basada en los dogmas religiosos prevalecientes en la época del Virreynato a una medicina organizada y fundamentada en los avances científicos provenientes del positivismo europeo de finales del siglo XIX. Se creó la Beneficencia Pública, se promulgó un primer Código Sanitario vigente a nivel federal; se inauguraron varios hospitales, dentro de ellos un Hospital General con instalaciones sanitarias basadas en los adelantos tecnológicos y científicos de la época, introduciéndose el concepto de los pabellones y las técnicas de aislamiento de los pacientes,de tal manera que establecieron las bases para el desarrollo de la medicina moderna en nuestro país.
Durante los años de fiebre positivista los políticos formados en estas ideas, al igual que los científicos, trataron de poner orden y lograr entonces la libertad. Defendían con tal ahínco la metodología que el pueblo les propinó el mote del "partido de los científicos". Porfirio Díaz tomó el poder político y la burguesía el económico. A medida que se avanzaba en la primera década del siglo XX, la aplicación de las doctrinas del positivismo iban brindando sus amargos frutos. El progreso de México se calificó en términos que hoy no nos son ajenos desde el neoliberalismo: "cuanto más ricos sean sus ciudadanos más progresará el país". Se olvidaron que el enriquecimiento exagerado de unos pocos implicaba el empobrecimiento exagerado de otros. Se preparaba así el terreno para el movimiento revolucionario.
Según Barreda, el positivismo llegó a significar tanto para México que incluso en los tres colores de la bandera podía percibir los tres principios del lema de Comte, con una ligera variante: Libertad, orden y progreso. Así mismo también se veía reflejado este lema en la frase que marcó el proceder del Porfiriato: “Orden y progreso”.
Muchos personajes tuvieron algo que ver con esta doctrina, algunos mas que otros. Tomemos el caso de Benito Juárez, sin darse del todo cuenta junto con varios de sus más cercanos colaboradores liberales, llevaron a cabo el positivismo en México, un ejemplo de eso serían las leyes de reforma las cuales se basan en muchas ideas de positivistas, la separación iglesia - estado, la nueva forma de impartir la educación en México, siendo esta ya meramente científica y no religiosa o basada en creencias. A su vez, Porfirio Díaz puede ser considerado como un digno representante de algunos aspectos del positivismo, ya que es con cuando el país logra el mayor nivel de Orden y Progreso, principio muy mencionado en la anterior doctrina. El modo en que Díaz logró el orden y progreso, es bastante brusco, ya que es un cambio total de la recién adquirida total libertad de expresión de las ideas, a la represión de estas mismas si representaban de alguna manera oposición al actual régimen porfiriato.
Sin duda existieron varios otros representantes de esta doctrina en México, pero en cuanto a individualidades más importantes son estos personajes los que influyeron más. Hubo representantes también pero en grupos, por ejemplo los liberales.























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ResponderEliminarLa información que presentas está muy completa muestra de manera correcta cada tema esto nos ayuda a comprender de mejor manera el aspecto social y todos los temas que aborda está muy bien tu bloc felicidades..! E.A.C.E
ResponderEliminarBueno pues tú reflejas muy bien y de manera completa tu información ya que abarcas los 7 subtemas de manera desarrollados.
ResponderEliminarMuy bien.... la información mostrada de cada uno de los temas es muy completa,,, el formato va de acuerdo a la estructura,,,,,,, la información que se demostró en cada tema es muy importante. Supiste como dar una buena explicación de los 7 temas tratados,,,,, excelente:D
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